viernes, 12 de junio de 2009


“Maravilloso” –dije. No hay otra forma en que este día podía acabar peor. Ya había hecho lo imposible por dejar una buena impresión en mis nuevos compañeros de universidad y lo había estropeado todo con mi bocota. “Tú y tu gran bocota”, como dice Al. Sí… a pesar de haber hecho lo imposible por separarme de él, volvía a mi mente sin el más mínimo esfuerzo…”Tú y tu gran mente”, pensé.

Caminé sola por los pasillos de la facultad, intentando parecerme un poco más a aquella mampara que acababa de romper Cristian, pero no. Nadie dejaba de mirarme con una especie de odio-curiosidad, o curiosidad por el odio que veían en los otros. Realmente no quería seguir pensando en ello, así que me escabullí rápidamente por la puerta de la biblioteca para pensar sin el murmullo de afuera… “al menos los libros no tienen bocota” dije, y al segundo ya me estaba riendo.


“Y parece que tú sí que no tienes ojos”, escuché decir con gracia cerca de mí. Se trataba de un chico de pelo largo que me hablaba desde la cabina de al lado.

“Oh, sí… biblioteca” – le respondí a la rápida. La verdad estaba mirando hacia fuera para ver si seguían las miraditas quisquillosas de hace un rato, por lo que me demoré en darle una respuesta un poco más elaborada. “Lo siento, sucede que a veces me rio en voz alta”.

“Imposible casi no hacerlo, teniendo en cuenta de que es un impulso”, me corrigió el chico, burlándose.

“Eh… correcto” – dije avergonzada y me metí en mi cubículo de nuevo.


Definitivamente hoy había sido uno de esos días malos. Ese alguien que controla el mundo, no contento con el hecho de haberme despertado tarde para el examen de Economía, me hacía pasar por todo esto. Haber dejado al descubierto a Cristián delante de casi todo el curso, no era parte de mi plan de día de cumpleaños… De hecho, esperaba su regalo, y el de alguno de mis otros compañeros, pero eso definitivamente ahora no sucedería.


“¿Qué lees?” – escuché del lado izquierdo de donde estaba. Era el chico de pelo largo, que me volvía a hablar, esta vez, sin acercarse a mirar.

“Ehh… aún no empiezo” – respondí. No había alcanzado a inventar un buen título, porque en realidad no estaba buscando leer nada, sino simplemente desaparecer del mapa por unos cuantos minutos. Sabía que ninguno de mis compañeros se pasearía por aquí a esta hora… estaban en laboratorio.

“Y ¿qué esperas?” – insistió.

“¿Qué te importa?” – dije, ya fastidiada por las preguntas del extraño curioso. Tenía suficiente con inventar un buen día de este ya estropeado, para intentar tener una conversación agradable con un completo desconocido.


Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario