Él era a quien más había extrañado jamás.
Él estaba justo en frente, pero aún sintiendo su olor era como si no estuviese.
Una estatua parecía, de esas que ni con monedas abren la boca. Quizás un óleo tendría más vida.
Y ni siquiera lo miraba. Ni siquiera la miraba. Pero ambos se sentían.
Hasta sus pisadas al caminar las reconocía; hasta su voz de memoria la conocía.
Hasta sus lágrimas ella reconocería. Las de él en aquel bar y las de ella misma cuando comenzaba a recordar.
Por él ella conoció lo que es el verdadero dolor, y casi una broma parecía aquello que hace años creía que dolía. ¡Como demonios ahora dolía!
Dolía tanto que todos los días hoy ella tiene hacerse de fuerzas para no hablarlo. Para no abrazarlo. Para no llamarlo. Para no desearlo.
Dolía tanto que todos los días hoy ella tiene que intentar buscar alguna extraña forma de olvidarlo.
Parece que no ha dado resultado.
lunes, 7 de noviembre de 2011
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